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YOGA

Sábado, octubre 24th, 2009

Artículos sobre yoga

LAS DINAMICAS DE INTEGRIDAD

Jueves, octubre 22nd, 2009

La práctica de posturas de yoga es un proceso de reeducar en integración. Uno en el que los patrones aprendidos son eliminados permitiendo que la integridad inherente del cuerpo humano y su unidad intrínseca con mente y espíritu se vuelvan evidentes de un modo libre y total. El movimiento humano es por diseño muy amplio: somos la forma de vida con mas capacidad de movimiento que la naturaleza ha producido. Sin embargo, al mismo tiempo, las capacidades específicas de nuestro diseño estructural ha sido desarrollado a lo largo de 500 millones de años de experimentos, intentos y errores.

La movilidad humana se debe a las mas de 200 articulaciones que tenemos. Cada una de ellas conecta tejido conjuntivo con huesos adyacentes. Cada una de ellas no sólo sirve de soporte para un tipo de movimiento específico, además proporcionan la estabilidad necesaria para que el cuerpo se mueva y actúe. Las articulaciones contribuyen tanto al movimiento como a la estabilidad. Si se someten a demasiada presión pierden movilidad. Si se extienden en exceso, si se hiperextienden, pierden estabilidad. La movilidad de las articulaciones se ve seriamente restringida por el modo de vida que llevamos hoy en dia, y si nuestro énfasis al hacer las posturas de yoga es en ganar flexibilidad, la estabilidad se vera comprometida.

La estructura humana requiere de un equilibrio entre movilidad y estabilidad; un equilibrio que casi siempre es comprometido en la vida moderna. El propósito de la practica de las posturas es recobrarlo. Su potencial se encuentra codificado en nuestro ADN y sólo necesita del permiso y del espacio adecuado para expresarse así mismo. Esto requiere de entrenamiento, práctica. No es un proceso de acumulación y ampliación de información anatómica. Es cuestión de indagación física de modo sensible en los efectos que el movimiento tiene sobre las articulaciones. Una investigación que se basa en sentir las sensaciones en articulaciones y músculos. Sensaciones que hablan desde la integridad inherente al cuerpo a través del mecanismo placer_dolor, siempre pidiéndonos que acomodemos su necesidad de expresión.
Volviéndonos íntimos con las sensaciones podemos responder a la sabiduría del cuerpo y acomodar su diseño intrínseco para el movimiento y la acción, sólo entonces los músculos son capaces de recalibrarse a si mismos de un modo armonioso, de acuerdo a sus relaciones específicas. De este modo las articulaciones se estabilizan y se liberan.
Si, por un lado, basamos nuestra práctica en alargar o fortalecer algún músculo en particular, o en abrir o soltar alguna articulación en concreto, no desarrollaremos intimidad con nuestro cuerpo, aunque podamos desarrollar fuerza y flexibilidad. La reintegración tiene lugar sólo cuando intimamos profundamente con el mecanismo innato en el cuerpo. Esto es válido tanto para la reintegración cuerpo_mente como para la de músculos y huesos.

La posibilidad para que nuestro cuerpo se exprese a sí mismo desde su integridad inherente ha sido limitada por los hábitos de toda una vida. Por ello necesitamos tomar pasos concretos para poder realizarla. Y esto puede hacerse en el modo en que abordamos nuestra práctica. En el modo en que articulamos cada una de las partes del cuerpo en relación con las otras. Necesitamos aplicar las dinámicas de integridad en la práctica, sólo entonces, y a través de esas mismas dinámicas, puede expresarse libremente la integridad inherente del cuerpo. Esto quiere decir que lo que es innato, aunque tapado por hábitos, debe reproducirse a través de un intento consciente hasta que al final, ese intento ya no sea necesario y las dinámicas de integridad inherente que llevamos en los genes puedan expresarse de modo espontáneo. Sólo entonces disfrutamos del profundo deleite de practicar. Sólo entonces podemos entregarnos al fluir de sensaciones, ritmo y conciencia en sí; y quedar profundamente satisfechos.

Las dinámicas de integridad pueden simplificarse en 7 principios. Estos principios son los mismos para la práctica de posturas y para la reintegración del cuerpo. Son orgánicos, innatos y aplicables al funcionamiento natural del cuerpo humano y toda forma de vida así como lo son de la práctica de posturas de yoga. Son aplicables y necesarios a todas las posturas sin excepción

Los siete principios están contenidos en el primero: sensibilidad a las acciones y a sus impactos. Cada una de las partes del cuerpo, y el cuerpo como un todo, busca siempre la máxima libertad y estabilidad en su movimiento. Esto significa que, dadas las limitaciones impuestas por la forma, acción y movimiento, las articulaciones establecen siempre tanta estabilidad y soltura como sea posible, la partes del cuerpo entran siempre en la relación mas efectiva posible. Estas posibilidades se ven mermadas y limitadas por el desuso habitual del cuerpo, un desuso que surge en parte por imitación en la infancia, y principalmente por la persecución insensible de propósitos culturales. Esto oscurece el funcionamiento natural de la integridad inherente del cuerpo. La función fundamental e indispensable de la práctica de las posturas de yoga es re establecer movimiento y acción en las dinámicas de integridad.
Godfrie Deveroux

LA PERFECCION EN YOGA

Jueves, octubre 22nd, 2009

NO SE ADQUIERE DOMINIO EN EL YOGA POR MEDIO DE FLEXIBILIDAD O FUERZA

Diferentes fuentes coinciden en referirse a Patanjali como el padre del yoga. En el segundo sutra define al yoga diciendo: yoga es el abandono de toda proyección mental. De modo que dominio en el yoga es tener la capacidad de abandonarse uno mismo por completo en cualquier momento, en cualquier lugar. No sólo en le ambiente tranquilo de la sala de meditación, ni en la apacible ladera de una montaña. No sólo en momentos ocasionales de entusiasmo y sentimientos intensos. La práctica de abandonarse a uno mismo, de dejar ir, es sutil y elusiva a la vez, y sólo puede ser invitada: no puede obtenerse directamente de ningún sitio; viene como resultado de un profundo entendimiento intuitivo, de una revelación. Esta invitación conlleva un proceso de aceptación total, contentamiento total y atención total. Esto es expuesto en detalle por Patanjali como yama y niyama. Los frutos del yoga no siempre son fáciles de reconocer, muchos de nosotros caemos en trampas fatales. Trampas que nos pone nuestra ambición. Una red en que quedamos cogidos mientras buscamos nuestro equivalente en diplomas, medallas, certificados o logros. Podemos obtener dominio en colocar los pies en la cabeza en flexiones hacia atrás ; nos volvemos habilidosos en poner la pierna detrás del cuello. Asombramos a nuestros amigos y algunos quedan perplejos por nuestra capacidad de hacer 108 saludos al sol. Nos asombramos nosotros mismos de nuestra habilidad de hacer el pino desde dandasana, bakasana o navasana. Pero aunque estas cosas son satisfactorias e impresionantes en absoluto indican que tengamos dominio alguno en yoga. Baryshnakoz podría hacer todo eso a la primera, así como también podrían muchos acróbatas, gimnastas y bailarines. Pero mientras estemos intentando impresionar a alguien, aunque sea a nosotros mismos, no estamos ni de cerca aproximándonos al dominio del yoga. Somos esclavos mientras que busquemos señales por las que nuestras habilidades puedan ser reconocidas. Si buscamos credenciales que simbolicen nuestro logro, todavía es nuestra mente perturbada por la ambición la que nos dirige. Aún somos esclavos de la ambición. El logro en una asana específica, por ejemplo, no está determinado tanto por la actividad del cuerpo, sino por la actividad de la mente. Por supuesto que estos dos no están separados. Cuando por ejemplo hacemos utthtitatrikonasana, no es el hecho de colocar la mano en el suelo lo que hace de esta postura asana, ni el alinear los hombros con la pelvis. No hay mejora sólo porque los pies estén en línea, las piernas estiradas, la columna en extensión y el pecho abierto. Hay progreso porque nuestra conciencia penetra en la actividad de cada una de las partes del cuerpo, y mientras lo hace la mente debe ser suficientemente sensible, debe estar lo mas silenciosa posible de modo que pueda reconocer si hay distorsión y ajustar lo necesario de acuerdo a ello. Y mientras el cuerpo responde a las sutiles percepciones de la mente, comienza a alinearse a sí mismo de un modo mas preciso, y con este alineamiento anatómico viene la libertad en los niveles vitales mas sutiles del cuerpo. En esta libertad, conciencia y energía pueden fluir libre y armoniosamente. Y este fluir profundiza aún mas la sensibilidad y quietud de la mente. Y así el círculo se amplia mas y mas a medida que alineamiento y conciencia nos llevan mas profundo en la armonía y gracia de nuestro cuerpo, y en la quietud y entusiasmo de nuestra mente. A medida que el cuerpo se vuelve mas y mas estable y libre, a medida que decrece el esfuerzo físico, la mete se calma de un modo gradual. Y no por sostener las posturas de un modo pasivo por largo tiempo, sino penetrando en ellas de modo mas dinámico, mas completo en profundidad. Así el dominio puede alcanzarse rápido, casi instantáneamente. Cuerpo y mente se vuelven uno a través de la práctica. Pero es posible hacer una imitación de lo que es el dominio de asana a través de fuerza, flexibilidad y agilidad. Pero una cosa es hacer el pino y otra es hacer adhomukha vriksasana,; no es lo mismo hacer el puente que hacer urdhva danurasana y la diferencia es claramente visible para el ojo de aquel que, al entrar en esas asanas, haya desarrollado la sensibilidad suficiente yendo hacia dentro y haya explorado las sutilezas de su propia anatomía y su propio cuerpo mente.. Pero la recompensa que proporcionan esos logros físicos, esa agilidad exótica es para el ego muy seductora y obstaculiza el progreso en el yoga. Debemos abandonarla si lo que queremos es obtener los frutos mas profundos de una mente tranquila.
Nuestro progreso, el nivel en el que nos encontremos no debería importarnos. Practicamos yoga simplemente cuando entramos por completo en la rica abundancia de cada momento. Si lo que hacemos lo hacemos por el efecto que vaya a tener, sea el que sea, no somos yoguis sino contorsionistas , acróbatas o payasos. Sin embargo, cuando practicamos simplemente para florecer en el momento, para despertar a la belleza y profundidad de lo que ya existe en nosotros y a nuestro alrededor, aunque vayamos tan lejos como podamos, no lo mediremos. Y no lo compararemos. No lucharemos para ir mas allá ni para que vuelva la experiencia que tuvimos ayer. No lucharemos pare alcanzar aquello que creemos que otro puede hacer. Tampoco perseguiremos ninguna meta intelectual. Simplemente honramos el momento como lo que es, en su totalidad; y al hacerlo, no importa lo libre o limitado que sea el movimiento del cuerpo, porque la apertura en la mente es total y entonces es cuando saboreamos los frutos del yoga, extasis, paz, alegría, amor. Es entonces cuando lo hemos logrado; y ya no nos importa.
Godfrey Devereoux 1992 London

YOGA ES UN DON DE AMOR

Jueves, octubre 22nd, 2009

Yoga es un fenómeno inusual. No es una religión, ni una ciencia, ni es tampoco una forma de arte y, sin embargo tiene mucho en común con todo lo anterior. Se dirige a satisfacer los anhelos mas profundos del corazón, en ello se parece a la religión. Sin embargo no requiere ni tampoco contradice la fe religiosa. Yoga, en su rigor y objetivo se parece al de la metodología científica, sin embargo no le interesa el conocimiento objetivo sino la experiencia subjetiva. El modo en que se articula rebosa belleza y gracia, sin embargo se ocupa específicamente de lo interno, no de lo estético.
Yoga es ambos, un método y una disposición: un conjunto de técnicas y un modo de vida no limitado sin embargo por ninguna técnica ni estilo de vida. Está a la disponibilidad de todos y a menudo se encuentra presente en las vidas de aquellos que nunca oyeron la palabra yoga.
En el corazón del yoga se encuentra la profunda experiencia interna, su potente fruto es una vida de entendimiento, compasión, armonía y paz. La paz que puede encontrarse en yoga es una que no puede compartirse con otros.
El corazón dinámico del yoga es una transformación en la conciencia; esta transformación genera necesariamente una transformación en actitud, y del mismo modo, esta transformación en actitud genera una transformación en comportamiento. Y en su corazón se encuentra el reconocimiento de la naturaleza profundamente interconectada de todo fenómeno, de toda vida en cada una de sus formas. El reconocimiento orgánicamente profundo de Unidad en la que la diversidad de la vida se vuelve mas potente a nivel psicológico que ningún otro principio moral o cultural.
Ello conlleva no sólo a vivir desde una sensibilidad compasiva hacia toda forma de vida, sino también a un reconocimiento de la importancia de la vida, de su fuente y sustancia indivisible. En términos religiosos es simplemente el reconocer la Presencia de Dios y su Poder. Un reconocimiento que aunque no depende de ninguna presentación cultural de ese Poder y Presencia, no la niega ni la contradice. Yoga no trata de establecer fe en Dios en base a una creencia, sino del hecho de ser bendecido con ella en base de experiencia; bien podría decirse que yoga es una profunda invitación a la Gracia de Dios, no es un sustituto de ella ni trata de fabricarla. En este sentido yoga es afín a la oración y genera sentimientos similares de reverencia, humildad y admiración ante la fuente de vida.

Sin embargo, esto no ocurre arbitrariamente, no es una cuestión de técnica; yoga no depende de la técnica que se use, sino del modo en que se usa. El principio fundamental de yoga se expone en los yoga sutras, es y debe ser AHIMSA. Esta palabra sánscrita tiene especial importancia, significado y una potente aplicación. Deriva de la raÍz HIM y el prefijo A, literalmente significa ausencia de violencia. En la práctica implica la aplicación de compasión o sensibilidad a todas las acciones que realiza uno mismo. Cuando aplicamos AHIMSA a las prácticas culturales asociadas con yoga conlleva inevitablemente a la experiencia de la unidad indivisible de la vida y la interconexión de todo fenómeno. Esto comienza en el cuerpo y mente y florece en cada una de nuestras relaciones sociales.

El poder de las prácticas culturales asociado a yoga (práctica de posturas, de respiración, de quietud, de silencio) reside en el profundo efecto que tiene en quienes lo practican. Armonía interna se establece por medio de la reintegración cuerpo_mente del que lo practica. Esta armonía se basa en una transformación orgánica profunda, y tiene como efecto el generar una compasión hacia la vida y reverencia hacia su fuente. Volviéndose así la base de toda interacción social orientada hacia la cooperación y el entendimiento.

Esta transformación se basa inequívocamente en cultivar una gran sensibilidad interior a las respuestas y mecanismos del cuerpo. Esto es la aplicación de AHIMSA en la práctica. A través de cultivo sutil y profundo en la práctica regular de sensibilidad, esta se vuelve una disposición innata. Una disposición que se convierte en la base orgánica de las elecciones y acciones que constituyen nuestro comportamiento. Así de este modo muchos de los que practican yoga dejan de comer carne, de llevar cuero, de acumular bienes materiales, de derrochar los recursos naturales. En su lugar, viven una vida de sensibilidad y reverencia procedente de una profunda e inamovible base orgánica. Esto es la aplicación de AHIMSA en la vida. Sin embargo, no conlleva en modo alguno ninguna clase de dogma. Tampoco lleva implícito ninguna creencia en particular. Es simplemente un asunto de cultivar una sensibilidad abierta y honesta hacia la unidad dentro de la diversidad de la vida. Y como esto tiene lugar en las acciones tomadas por nuestro cuerpo y mente, deja de ser una cuestión de creencia.

Yoga es un don de amor, un regalo en el cual nos encontramos el amor hacia la vida pero no a costa del amor de otros. Amor a uno mismo encontrado al reconocer la relación íntima y profunda que el individuo tiene con la totalidad de la vida. Un modo en el que encontramos amor a la vida, pero no a costa de negar su fuente. Amor a la vida que viene por reconocer la fuente y sustancia de la indivisibilidad de la vida: la unidad a la que apunta la misma palabra yoga.
Godfrey Devereoux Tucson, arizona, 2005

YOGA ES RELAJACION

Jueves, octubre 22nd, 2009

YOGA ES RELAJACION

Todo el proceso de yoga descansa en un simple hecho: llegar a relajarse. Empieza con relajación física y va acompañado de relajación de tensión ideológica, mental y emocional; la práctica de yoga no es más que eso: dejarse ir. Y a través del aprendizaje de dejarse ir, para poder relajarnos en cada nivel de nuestro ser, descubrimos que siempre hemos estado dotados de todo lo que necesitamos. El único problema es que nuestra tensión, nuestra ansiedad enmascararon este hecho. Reaccionando en exceso a las dificultades de la vida construimos una armadura física e intelectual que nos defienda. Y porque estamos condicionados a huir de la incomodidad, a evitar el sufrimiento, nos pasamos la vida acumulando tensión de conflictos sin resolver, y aunque; no somos conscientes de ello, esta tensión, esta incomodidad interna nos lleva constantemente en busca de una forma u otra de alivio. Quizá usamos alcohol o drogas para relajarnos, quizá vamos de compras o vemos películas violentas, pero estos intentos de aliviar la presión de nuestro dolor interno son sólo temporales y a menudo lo incrementan
directa o indirectamente. Sin embargo, cuando a través de la práctica de yoga empezamos a relajarnos soltando la tensión que tenemos escondida, mientras resolvemos física y emocionalmente el conflicto interno , algo inesperado ocurre.

Descubrimos que todo nuestro esfuerzo anterior para ser más felices, mejores y conseguir un estado de paz superior intentando imponer nuestra voluntad al mundo externo a través de cualquier medio que hayamos elegido, no sólo fue inútil sino además innecesario.

Descubrimos que paz, alegría, contento, compasión, amor y entendimiento tienen naturalmente su morada en nosotros. Descubrimos que de hecho, no es cierto que la naturaleza humana sea violenta, cruel y egoísta. Descubrimos que esto es nuestra naturaleza condicionada, por el entorno social, y no nuestra naturaleza humana.
La liberación de tensión alcanzada por la práctica de yoga es gradual, suave y generalmente sin crisis. Comienza soltando la tensión física en músculos y la rigidez en articulaciones y ligamentos. Esto se alcanza en la práctica de asana. A medida que se suelta la rigidez física, el dolor emocional subyacente bloqueado en los tejidos se libera. Esta liberación a menudo conlleva una serie de sensaciones, así que puede que durante la práctica sintamos una serie de incomodidades o resistencia en alguna parte del cuerpo, y al hacerlo empecemos a sentir la presencia de una emoción, tal como angustia, ira o incluso un estado mental de confusión o duda. A menudo el sentimiento coincide exactamente con la experiencia de resistencia física o incomodidad. Si soltamos la postura, aliviando esa incomodidad física, el sentimiento que la acompaña también desaparece. Si permanecemos con el dolor físico, el sentimiento persiste, mientras que si el residuo de un sentimiento bloqueado es completamente liberado, la incomodidad física desaparece también, y sostener o restablecer la postura ya no vuelve a ser incómodo. Cuando practicamos pranayama llevamos este proceso a un nivel más profundo; empezamos a trabajar directamente con el dolor de nuestro corazón. El chakra del corazón, así como los pulmones está centrado en el pecho. La acción de apertura de las flexiones hacia atrás suaviza y abre el corazón. Cuando la tensión en este músculo del corazón y alrededor se afloja, el dolor de nuestro corazón también se libera. Pranayama es un proceso en el que todos los músculos pequeños del pecho y garganta usados en la respiración son sistemáticamente activados, ejercitados y tonificados. Para que puedan funcionar completamente debe soltarse toda tensión física de sus tejidos. Debido a su proximidad al corazón estos músculos tienden a llevar las huellas de traumas asociados con amor y confianza. Mientras estos músculos permanecen traumatizados, o crónicamente tensos, el chakra del corazón está restringido y el corazón cerrado: tendemos a asustarnos del amor y somos incapaces de confiar. Pranayama ayuda a liberar este miedo liberando su envoltura física. Cuando esto ocurre y relajamos nuestras defensas emocionales acerca del amor, nuestra vida comienza a caracterizarse por apertura, amor y alegría. Es especialmente en los músculos de la cara donde la tensión psicológica es más profunda. Los músculos de la boca y de la mandíbula en particular son crónicamente incapaces de relajarse. De hecho, cuando pensamos, el cerebro envía impulsos nerviosos a los músculos que van a ser requeridos para articular esos pensamientos, pero esos músculos no llegan a moverse y como resultado se va acumulando tensión constantemente en los músculos de la cara. La mayor parte del parloteo de nuestra mente viene por la ansiedad y tensión que rodea nuestra vida, tensiones y ansiedad de las que a menudo somos completamente inconscientes. A través de la meditación comenzamos a reconocer estos patrones de miedo y ansiedad que crean tanto ruido en nuestra mente; a medida que miramos en ellos y experimentamos el modo en que crean tensión y dificultad para nosotros, comenzamos a soltarlos. Cuando esto ocurre, la cara empieza a relajarse y los ojos a brillar. Una belleza de profunda felicidad ilumina nuestro rostro.

Todos nosotros guardamos actitudes inconscientes acerca de la vida que nos causan profunda tensión y de las que no somos conscientes. Esta tensión se expresa en los esfuerzos frenéticos que hacemos para controlar nuestras vidas, para tener éxito, para rodearnos de inviolable seguridad, para ser ricos o famosos, sabios o respetados. Creamos esta actitud como resultado de tempranas experiencias de traumas tales como la pérdida, el castigo, el miedo, el dolor vividos en nuestra infancia. Estas experiencias son procesadas en nuestra mente pre-conceptual como la naturaleza misma de la realidad. Nos asusta profundamente la vida. Pensamos en el universo como en una máquina fría e impenetrable de la que la vida ha surgido por accidente. Creemos que al morir iremos al infierno y seremos castigados por nuestros pecados. Creemos que la vida no tiene significado y que hay algo malo en nosotros mismos. Estos sentimientos son causa de tensión profunda que puede acompañarnos toda nuestra vida sin tan siquiera ser notada. Para poder soltar esta tensión que nos impide abrirnos a la belleza de la vida en cada momento, necesitamos verla. Y además de ver que está ahí, tenemos que ver el contexto que la rodea: cómo surge, cómo se expresa a sí misma en nuestras actitudes fragmentadas y acciones divididas y temerosas. Porque hay tanto dolor asociado a estas actitudes nos resistimos a reconocerlas y aceptarlas. Es extremadamente difícil para la mente el adentrarse profundamente y permanecer en tan intenso dolor, y por ello la meditación debe ser preparada por asana desarrollando en la mente la capacidad de recuperarse, para proporcionarnos estabilidad, y así pranayama se vuelve necesario para desarrollar tranquilidad. Cuando tenemos estabilidad y tranquilidad somos capaces de concentrarnos en esos asuntos que causan ese dolor y tensión, y entonces pueden ser resueltos y liberados. Este es el propósito práctico de la meditación: resolver nuestra más profunda e inconsciente tensión que causa tanta ansiedad y caos en nuestra vida. A medida que comenzamos a relajarnos profundamente, a aceptarnos por completo, descubrimos que hay mucho más que nuestra propia imagen, aunque esta sea positiva. Descubrimos que, cuanto más nos permitimos a nosotros mismos ser todo lo que intentamos no ser, cuanto más aceptamos la presencia de dolor, ira, duda o miedo en nosotros, pierde su potencial y más insignificante se vuelve. Y a medida que pierde su poder sobre nosotros, su habilidad para condicionar inconscientemente nuestras acciones, comenzamos a experimentar y expresar nuestra naturaleza más profunda. Comenzamos a vivir desde la paz, felicidad, alegría y compasión. Este es el verdadero fruto del yoga, nos devuelve nuestro legado perdido. Nos retorna a la belleza y riqueza de nuestro ser más profundo, a un estado de ser que nunca perdimos pero que permanecía oculto. Y este fruto se recoge simplemente por el camino de aprender a relajarse. Para esto es la práctica del yoga, estos son los resultados a los que lleva la práctica del yoga.

Godfrey Devereoux 1990 Bepton, Sussex