YOGA ES UN DON DE AMOR

Yoga es un fenómeno inusual. No es una religión, ni una ciencia, ni es tampoco una forma de arte y, sin embargo tiene mucho en común con todo lo anterior. Se dirige a satisfacer los anhelos mas profundos del corazón, en ello se parece a la religión. Sin embargo no requiere ni tampoco contradice la fe religiosa. Yoga, en su rigor y objetivo se parece al de la metodología científica, sin embargo no le interesa el conocimiento objetivo sino la experiencia subjetiva. El modo en que se articula rebosa belleza y gracia, sin embargo se ocupa específicamente de lo interno, no de lo estético.
Yoga es ambos, un método y una disposición: un conjunto de técnicas y un modo de vida no limitado sin embargo por ninguna técnica ni estilo de vida. Está a la disponibilidad de todos y a menudo se encuentra presente en las vidas de aquellos que nunca oyeron la palabra yoga.
En el corazón del yoga se encuentra la profunda experiencia interna, su potente fruto es una vida de entendimiento, compasión, armonía y paz. La paz que puede encontrarse en yoga es una que no puede compartirse con otros.
El corazón dinámico del yoga es una transformación en la conciencia; esta transformación genera necesariamente una transformación en actitud, y del mismo modo, esta transformación en actitud genera una transformación en comportamiento. Y en su corazón se encuentra el reconocimiento de la naturaleza profundamente interconectada de todo fenómeno, de toda vida en cada una de sus formas. El reconocimiento orgánicamente profundo de Unidad en la que la diversidad de la vida se vuelve mas potente a nivel psicológico que ningún otro principio moral o cultural.
Ello conlleva no sólo a vivir desde una sensibilidad compasiva hacia toda forma de vida, sino también a un reconocimiento de la importancia de la vida, de su fuente y sustancia indivisible. En términos religiosos es simplemente el reconocer la Presencia de Dios y su Poder. Un reconocimiento que aunque no depende de ninguna presentación cultural de ese Poder y Presencia, no la niega ni la contradice. Yoga no trata de establecer fe en Dios en base a una creencia, sino del hecho de ser bendecido con ella en base de experiencia; bien podría decirse que yoga es una profunda invitación a la Gracia de Dios, no es un sustituto de ella ni trata de fabricarla. En este sentido yoga es afín a la oración y genera sentimientos similares de reverencia, humildad y admiración ante la fuente de vida.

Sin embargo, esto no ocurre arbitrariamente, no es una cuestión de técnica; yoga no depende de la técnica que se use, sino del modo en que se usa. El principio fundamental de yoga se expone en los yoga sutras, es y debe ser AHIMSA. Esta palabra sánscrita tiene especial importancia, significado y una potente aplicación. Deriva de la raÍz HIM y el prefijo A, literalmente significa ausencia de violencia. En la práctica implica la aplicación de compasión o sensibilidad a todas las acciones que realiza uno mismo. Cuando aplicamos AHIMSA a las prácticas culturales asociadas con yoga conlleva inevitablemente a la experiencia de la unidad indivisible de la vida y la interconexión de todo fenómeno. Esto comienza en el cuerpo y mente y florece en cada una de nuestras relaciones sociales.

El poder de las prácticas culturales asociado a yoga (práctica de posturas, de respiración, de quietud, de silencio) reside en el profundo efecto que tiene en quienes lo practican. Armonía interna se establece por medio de la reintegración cuerpo_mente del que lo practica. Esta armonía se basa en una transformación orgánica profunda, y tiene como efecto el generar una compasión hacia la vida y reverencia hacia su fuente. Volviéndose así la base de toda interacción social orientada hacia la cooperación y el entendimiento.

Esta transformación se basa inequívocamente en cultivar una gran sensibilidad interior a las respuestas y mecanismos del cuerpo. Esto es la aplicación de AHIMSA en la práctica. A través de cultivo sutil y profundo en la práctica regular de sensibilidad, esta se vuelve una disposición innata. Una disposición que se convierte en la base orgánica de las elecciones y acciones que constituyen nuestro comportamiento. Así de este modo muchos de los que practican yoga dejan de comer carne, de llevar cuero, de acumular bienes materiales, de derrochar los recursos naturales. En su lugar, viven una vida de sensibilidad y reverencia procedente de una profunda e inamovible base orgánica. Esto es la aplicación de AHIMSA en la vida. Sin embargo, no conlleva en modo alguno ninguna clase de dogma. Tampoco lleva implícito ninguna creencia en particular. Es simplemente un asunto de cultivar una sensibilidad abierta y honesta hacia la unidad dentro de la diversidad de la vida. Y como esto tiene lugar en las acciones tomadas por nuestro cuerpo y mente, deja de ser una cuestión de creencia.

Yoga es un don de amor, un regalo en el cual nos encontramos el amor hacia la vida pero no a costa del amor de otros. Amor a uno mismo encontrado al reconocer la relación íntima y profunda que el individuo tiene con la totalidad de la vida. Un modo en el que encontramos amor a la vida, pero no a costa de negar su fuente. Amor a la vida que viene por reconocer la fuente y sustancia de la indivisibilidad de la vida: la unidad a la que apunta la misma palabra yoga.
Godfrey Devereoux Tucson, arizona, 2005

Leave a Reply