La práctica de posturas de yoga es un proceso de reeducar en integración. Uno en el que los patrones aprendidos son eliminados permitiendo que la integridad inherente del cuerpo humano y su unidad intrínseca con mente y espíritu se vuelvan evidentes de un modo libre y total. El movimiento humano es por diseño muy amplio: somos la forma de vida con mas capacidad de movimiento que la naturaleza ha producido. Sin embargo, al mismo tiempo, las capacidades específicas de nuestro diseño estructural ha sido desarrollado a lo largo de 500 millones de años de experimentos, intentos y errores.
La movilidad humana se debe a las mas de 200 articulaciones que tenemos. Cada una de ellas conecta tejido conjuntivo con huesos adyacentes. Cada una de ellas no sólo sirve de soporte para un tipo de movimiento específico, además proporcionan la estabilidad necesaria para que el cuerpo se mueva y actúe. Las articulaciones contribuyen tanto al movimiento como a la estabilidad. Si se someten a demasiada presión pierden movilidad. Si se extienden en exceso, si se hiperextienden, pierden estabilidad. La movilidad de las articulaciones se ve seriamente restringida por el modo de vida que llevamos hoy en dia, y si nuestro énfasis al hacer las posturas de yoga es en ganar flexibilidad, la estabilidad se vera comprometida.
La estructura humana requiere de un equilibrio entre movilidad y estabilidad; un equilibrio que casi siempre es comprometido en la vida moderna. El propósito de la practica de las posturas es recobrarlo. Su potencial se encuentra codificado en nuestro ADN y sólo necesita del permiso y del espacio adecuado para expresarse así mismo. Esto requiere de entrenamiento, práctica. No es un proceso de acumulación y ampliación de información anatómica. Es cuestión de indagación física de modo sensible en los efectos que el movimiento tiene sobre las articulaciones. Una investigación que se basa en sentir las sensaciones en articulaciones y músculos. Sensaciones que hablan desde la integridad inherente al cuerpo a través del mecanismo placer_dolor, siempre pidiéndonos que acomodemos su necesidad de expresión.
Volviéndonos íntimos con las sensaciones podemos responder a la sabiduría del cuerpo y acomodar su diseño intrínseco para el movimiento y la acción, sólo entonces los músculos son capaces de recalibrarse a si mismos de un modo armonioso, de acuerdo a sus relaciones específicas. De este modo las articulaciones se estabilizan y se liberan.
Si, por un lado, basamos nuestra práctica en alargar o fortalecer algún músculo en particular, o en abrir o soltar alguna articulación en concreto, no desarrollaremos intimidad con nuestro cuerpo, aunque podamos desarrollar fuerza y flexibilidad. La reintegración tiene lugar sólo cuando intimamos profundamente con el mecanismo innato en el cuerpo. Esto es válido tanto para la reintegración cuerpo_mente como para la de músculos y huesos.
La posibilidad para que nuestro cuerpo se exprese a sí mismo desde su integridad inherente ha sido limitada por los hábitos de toda una vida. Por ello necesitamos tomar pasos concretos para poder realizarla. Y esto puede hacerse en el modo en que abordamos nuestra práctica. En el modo en que articulamos cada una de las partes del cuerpo en relación con las otras. Necesitamos aplicar las dinámicas de integridad en la práctica, sólo entonces, y a través de esas mismas dinámicas, puede expresarse libremente la integridad inherente del cuerpo. Esto quiere decir que lo que es innato, aunque tapado por hábitos, debe reproducirse a través de un intento consciente hasta que al final, ese intento ya no sea necesario y las dinámicas de integridad inherente que llevamos en los genes puedan expresarse de modo espontáneo. Sólo entonces disfrutamos del profundo deleite de practicar. Sólo entonces podemos entregarnos al fluir de sensaciones, ritmo y conciencia en sí; y quedar profundamente satisfechos.
Las dinámicas de integridad pueden simplificarse en 7 principios. Estos principios son los mismos para la práctica de posturas y para la reintegración del cuerpo. Son orgánicos, innatos y aplicables al funcionamiento natural del cuerpo humano y toda forma de vida así como lo son de la práctica de posturas de yoga. Son aplicables y necesarios a todas las posturas sin excepción
Los siete principios están contenidos en el primero: sensibilidad a las acciones y a sus impactos. Cada una de las partes del cuerpo, y el cuerpo como un todo, busca siempre la máxima libertad y estabilidad en su movimiento. Esto significa que, dadas las limitaciones impuestas por la forma, acción y movimiento, las articulaciones establecen siempre tanta estabilidad y soltura como sea posible, la partes del cuerpo entran siempre en la relación mas efectiva posible. Estas posibilidades se ven mermadas y limitadas por el desuso habitual del cuerpo, un desuso que surge en parte por imitación en la infancia, y principalmente por la persecución insensible de propósitos culturales. Esto oscurece el funcionamiento natural de la integridad inherente del cuerpo. La función fundamental e indispensable de la práctica de las posturas de yoga es re establecer movimiento y acción en las dinámicas de integridad.
Godfrie Deveroux